Cooperación InternacionalAbiyán - Artículo "ÉTICA Y EFECTOS ECONÓMICOS ADVERSOS DE LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL AL DESARROLLO" - FRL

La ética es un elemento que está quedando relegado a un segundo plano en muchos sectores profesionales y la cooperación internacional al desarrollo no se escapa de este hecho. Si bien son miles las personas que entregan cada día su vida por los demás, también existe un porcentaje elevado que vive literalmente a costa de su pobreza.

Los efectos económicos adversos de la cooperación internacional al desarrollo deben empezar a ser advertidos y debatidos.

Sobre todo, si tenemos en cuenta que la mayor parte de fondos dedicados a este ámbito proceden de impuestos y de personas que de buena fe que entregan parte los rendimientos económicos procedentes de su esfuerzo a una organización, con la confianza de que con ello ayudan a los demás.

Se trata de un sector que aporta muchas cosas buenas, necesarias e imprescindibles a sociedades menos favorecidas económicamente que occidente, pero en algunos casos está causando un impacto negativo en los países destinatarios de la ayuda, como ya apuntaba el controvertido William Easterly en su obra “La carga del hombre blanco: el fracaso de la ayuda al desarrollo”.

En países con una comunidad internacional relevante dedicada a la cooperación, se están produciendo efectos económicos opuestos a sus principios y valores. Algunos de estos efectos que podemos citar son: la creación de una clase media compuesta únicamente por sus trabajadores locales y prestatarios de servicios y no de los destinatarios de la ayuda;  la  inflación de precios en servicios básicos como el alquiler de una vivienda o la comida, lo que afecta gravemente a la población local que ya no puede acceder a los mismos; la generación de servicios de ocio y alojamiento de lujo (restaurantes, bares, hoteles…), tanto para el uso privado en tiempo de ocio como laboral; además,  la pobreza se está convirtiendo en espectáculo gracias a muchas oenegés que organizan vacaciones solidarias de bajo coste y a precio de viaje de lujo; y en algunos casos (afortunadamente en menor medida), el “trabajador humanitario” se ha convertido en consumidor principal de drogas blandas, como la marihuana, o de prostitución.

Ejemplo de la inflación de precios citada, son países como Haití o Sierra Leona dónde el alquiler de una vivienda tiene el mismo precio que capitales como Madrid, cuando los salarios de la población general, no van más allá de 200 a 500 euros mensuales.

Es decir, se está creando una burbuja económica ficticia entorno a la vida de los trabajadores de un sector que debería estar generando desarrollo en las comunidades locales en las que se inserta. Sin embargo, la realidad es que, en muchos casos, empobrece y crea más distancia y diferencias con la población que debería ser beneficiaria de la ayuda.

El hecho es que muchos expatriados viven muy por encima de las condiciones en las que podría vivir en sus países de origen.

El “trabajador humanitario” debería recibir un salario que le permita vivir dignamente y tener los medios necesarios para poder realizar su trabajo, cosa distinta es el enriquecimiento personal a costa de la cooperación internacional al desarrollo.

Las organizaciones e instituciones no son mejores ni peores que las personas que las integran y existen multitud de ellas que no realizan ni comulgan con este tipo de prácticas. Pero es el momento de que las críticas salgan de círculos pequeños y cerrados, abandonando el corporativismo y el miedo que está perpetuando esta situación. Es necesaria la aplicación de una deontología clara y precisa en estos aspectos, que garantice realmente la lucha del sector de la cooperación internacional por un mundo más justo.

Si os interesa ampliar el tema podéis encontrar más en: http://funderetica.org/wp-content/uploads/2017/03/eticaencooperacion8.pdf

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